Musa Cafeína

Colectivo artístico-cultural que organizamos actividades relacionadas con el fomento de la lectura, la difusión del arte y la mezcla de diversas disciplinas artísticas.

8 de Marzo. ¡Bailemos juntas!, Laura Cuervo

8 de marzo“¿Estás segura de ser una mujer?, porque yo no tengo la certeza en absoluto, de la misma forma que tampoco tengo ninguna certeza de ser un hombre.

Beatriz Preciado

Unas horas después del 8 de Marzo, día internacional de la mujer trabajadora, día en el que fui felicitada y felicité a otras mujeres por la dignidad de haber nacido mujeres, me resuelvo a expresar ciertas reflexiones que me rondan por la cabeza desde hace no poco tiempo y que expreso en el blog de Musa Cafeína, espacio abierto a la creación, y por tanto a funcionar como catapulta de interrogantes que se lanzan al cielo de las dudas.

En primer lugar, quiero aclarar que este texto parte de una clasificación estereotipada de sexos, (hombre-mujer/masculino-femenino), clasificación con la cual la conocida filósofa de la teoría Queer, Beatriz Preciado, no estaría en absoluto de acuerdo, y yo no dudaría en darle la razón. La filósofa plantea una teoría basada en el feminismo post-estructural, o cuando el feminismo se encuentra con Foucault, en la que las fronteras entre géneros quedan desdibujadas dando lugar al transgénero. (Más abajo dejo un enlace con el que podréis completar la explicación por la misma autora. Muy recomendable).[1]

Aclarado este punto, me hago responsable y consciente de que mi reflexión está basada solamente en una parte de la sociedad oprimida, que no la única, de la que forman parte las mujeres occidentales.

El pasado 2 de Marzo asistí a un forum feminista en Barcelona organizado por la asociación “Les dones llibertàries” de la CGT, a las que la librería Pròleg cedió amablemente su espacio para celebrar el día internacional de la mujer. El motivo por el cual se celebraba ese día y no el mismo 8 de marzo, era poder asistir el día “oficial” a la manifestación pro-feminista una semana más tarde.

En el forum se desarrollaron varias ponencias de distintas índoles: desde “Hombres por la igualdad”, la conferencia de una antropóloga, feministas del movimiento 15-M, feministas independentistas de Catalunya, y hasta una cantante que aprovechaba la merecida ocasión para denunciar la lesbofobia vigente en una sociedad que, como sabemos, no ve con buenos ojos la homosexualidad femenina.

Pasaban las horas y el ambiente era cálido y agradable, las charlas y lo que se contaba era ameno e interesante y el vínculo que nos unía parecía evidente y robusto. Pero a medida que pasaba el tiempo, lo que más me llamó la atención de aquella reunión, fue que la media de edad entre todas las que estábamos allí era de unos 45 años aproximadamente. Me pareció un dato a tener en cuenta y que era importante hacer explícito, más que nunca en aquel momento. Se me concedió la palabra y así lo comuniqué: “¿dónde están las jóvenes?”, “¿Qué razones creéis que existen para que se escuchen comentarios machistas emitidos por las propias mujeres?¿Por qué pensáis que en las escuelas, los Institutos de Secundaria o en las Universidades, se continúa obviando información sobre las mujeres que intervinieron en el desarrollo de la Historia de la Humanidad?

Además, aproveché mi intervención para comunicar una sensación que llevo teniendo desde hace tiempo que me preocupa y me parece alarmante: cada vez que exteriorizo en público un tema que afecta directamente a las mujeres en un ambiente de charla distendida (el maltrato y asesinato de mujeres que mueren a manos de sus maridos o ex-parejas, la discriminación laboral por cuestión de género, dígase despido por maternidad, o por el simple hecho de cobrar un 20% menos que un hombre haciendo exactamente el mismo trabajo, etc) siempre me encuentro con el comentario beligerante de, atención, alguna MUJER de no muy prolongada edad, que, sobre todo, si hay algún hombre presente, siente la necesidad de añadir comentarios tipo: “Bien, pero hay que tener en cuenta que las mujeres maltratan por debajo, psicológicamente, que es peor que el maltrato físico y no se ve”, o “Bueno, pero las mujeres tenemos desde siempre la sartén por el mango”

La respuesta más generalizada que me dieron las conferenciantes fue que no estaban de acuerdo conmigo, que les parecía una perspectiva, quizás, demasiado negativa del feminismo del momento, y que aunque prudente y lento, se estaban consiguiendo muchos avances respecto a los derechos de las mujeres respecto a años atrás.

Por evidentes cuestiones de tiempo, no me atreví a desarrollar mi propuesta de debate, pero su respuesta no me pareció del todo satisfactoria, dado que llevo tiempo siendo testigo de demasiados  ejemplos reales. A continuación os expongo alguno de ellos, quizás reconozcáis alguno. Me gustaría  entonces que reflexionéis sobre ese mecanismo de rechazo del que hablo (tanto de hombres como de mujeres) al escuchar la palabra feminismo y todo lo que ella conlleva. Todos estos ejemplos, pertenecen a mi realidad, no están trasplantados de otras experiencias y doy fe de que son reales y cotidianos.

Para comenzar, la reflexión de la hija de unos empresarios: “¿Por qué mis padres van a tener que hacerse cargo de la baja médica de una embarazada?” dijo en un tono iracundo. “Bien”, dije yo, “supongo que una mujer tiene derecho a trabajar y también a quedarse embarazada, ¿no?” El problema no está en que se quede embarazada, el problema está en que el sistema no ofrece muchas soluciones a una posible maternidad, de la que también el padre es protagonista, (aunque él no sufra de varices y otras molestias típicas del embarazo).  Lo peor de todo, fue que en esa charla también estaban presentes tres jóvenes más, músicos y supuestamente de mente abierta, que apoyaban los terribles razonamientos de la chica en cuestión, alegando que era necesario mirar también desde la perspectiva de la empresa. Lo que no se plantearon estas personas es que una baja por maternidad no la paga la empresa sino el estado, al menos por ahora. Tampoco se les pasó por la cabeza que la chica que defendía a sus padres empresarios, se quedó embarazada poco después, y tuvo la osadía de repetir embarazo años más tarde. En fin, ella tuvo suerte, sus padres, los empresarios, no la echaron a la calle por ocurrírsele ser madre y trabajadora a la vez…

Más tarde, para arreglar la situación conmigo y tratar de consensuar en alguna opinión, al salir del restaurante hizo gala de un comentario típico de una persona desalmada y falta de humildad, cuando al ver pasar a una chica por la calle de cierta envergadura y que vestía ropa ceñida, añadió: “Se creerá que va guapa…”. Comentario más propio de alguien con muchos prejuicios.

Otro ejemplo que me impresionó por su extrema gravedad e irresponsabilidad, fue el de una amiga mía que advertía a un chico de las malas artes de muchas mujeres, esas que son capaces de denunciar malos tratos sólo por aplicar una venganza hacia su ex-pareja. Gracias a este tipo de comentarios, se sabe que existen casos de mujeres maltratadas que no denuncian porque tienen miedo a que no las crean. La autora de este comentario, trabaja como controladora aérea  y goza de un exquisito nivel cultural…

Por otro lado, una pregunta inquisitiva de (de nuevo) otra mujer, que llena de rabia me preguntaba: “¿Y qué tenéis que decir vosotras, las feministas sobre mi lactancia y mi maternidad? ¿Y si yo quiero dejar de trabajar para criar a mi hijo, qué tenéis que decir vosotras al respecto?” Lo que yo no acerté a decirle a causa de mi perplejidad del momento, fue que las feministas luchamos por los derechos de la mujeres, por una igualdad constitucional, que nosotras no somos el enemigo, sino que el enemigo es un sistema patriarcal que no contempla que los hombres también pueden quedarse en casa cuidando de la descendencia y disfrutando de su paternidad mientras la mujer va a trabajar. O, sino, alguna combinación de planteamientos renovadores que no deje a la mujer al margen de su carrera profesional por el hecho de querer ser madre. Después de tantos años de lucha por el acceso de la mujer a la Universidad, no es justo que el sistema aplaste la carrera de una persona, construida a base de sacrificios y esfuerzos.

No podemos olvidar que estamos ante un sistema que hoy más que nunca,  continúa poniendo a las mujeres como protagonistas publicitarias de productos de limpieza, obsesivas amas de casa que tienen como único objetivo en su vida dejar la ropa de la familia limpísima, alimentar perfectamente a sus hijxs, o estar guapas y sin arrugas en cualquier ocasión que lo merezca. Una sociedad que continúa exponiendo como jamones a las chicas aspirantes a ser la más guapa del país, humillándolas más tarde con preguntas de cultura general que en un estado de estrés, nadie podría contestar con seriedad. Una sociedad que todavía ve con buenos ojos al par de chicas (la rubia y la morena), que acompañan al ciclista ganador del tour de Francia o al  corredor de coches triunfador. Como diría otra amiga: “Bueno, si están ahí es porque quieren, ¿no?”.

Sí, claro, puede ser, pero me parece necesario abrir por un momento el zoom histórico y ver que las mujeres llevamos años de desventaja y de opresión integrada. En la historia de la Literatura, Dante Alighieri elevaba a la mujer casi a la categoría de santa,  alejándola años luz de la realidad; los poetas del Barroco, dedicaban poemas de amor a mujeres inexistentes, que marcaban un prototipo físico femenino irreal en la Península Ibérica. Incluso los ilustrados (estamos hablando del cercano siglo XVIII), aquellos que hacían una llamada a la razón, consideraban a las mujeres como seres inferiores porque, según ellos, eran seres altamente emocionales….

Si se me permite otro ejemplo, en otra cena privada, una amiga argumentaba que las mujeres no estamos en absoluto en inferioridad de condiciones, que era un espejismo elaborado por cuatro locas, mientras que los otros dos chicos que cenaban con nosotras, la miraban extrañados y le preguntaban: “¿Pero cuántas presidentas hubo a lo largo de la  Historia? ¿Cuántos nombres de artistas, escritoras, pintoras, médicas, arquitectas, científicas, astronautas te enseñaron en el Instituto? ¿Te das cuenta? No, no estáis en igualdad de condiciones, lleváis siglos de retraso”. A lo que la chica respondió: “Bueno, pero mandamos en casa, ¿no?” Escalofriante.

No voy a dar más ejemplos de misoginia femenina, me pone triste, pero sí creo necesario nombrar el tremendo rechazo por parte de muchos hombres, también jóvenes y con cultura o de mundo recorrido, que se les ponen los pelos como escarpias cada vez que escuchan el término feminismo, exponiendo la pobre teoría típica de “El feminismo es lo mismo que el machismo, pero al revés” o, “¿y por qué no hay un día dedicado al hombre?” A lo que yo contesto: “Bueno, pues por la misma razón por la que no hay un día del heterosexual, porque quien tiene sus derechos ganados de antemano, no necesita salir a la calle a pelearlos”, me parece obvio.

El feminismo está obsoleto”, dicen otros. Dado que el feminismo está obsoleto, las mujeres continuamos trabajando dentro y fuera de casa. Seguimos siendo objeto de violaciones y vejaciones urbanas. Así, es muy frecuente, y lo digo por experiencia propia, que las mujeres seamos motivo de excitación de hombres que no pueden reprimir su sexualidad y se masturban mientras te observan en un lugar público.

También en el día a día tenemos que soportar que te metan mano en el metro y tenga que ser  la mujer la que se vaya de aquel lugar, temblando como una hoja, porque encima se siente sucia y se pregunta qué pudo haber hecho para excitar a aquel hombre. Muchas personas arguyen teorías tales como: “Claro, es que el hombre es más sexual por naturaleza”. “Ah, claro, las mujeres sólo están sexuales cuando están en época de celo y se quieren reproducir.”         

Con el mismo argumento, se atreven a justificar que gracias a la prostitución, no hay más violaciones, porque los hombres son incapaces de reprimirse. Casi no puedo respirar…Ante esta afirmación, los “Hombres abolicionistas” responden que no se sienten en absoluto representados por tal afirmación, que no son hombres dominados por la irracionalidad, y que se sienten perfectamente capaces de prescindir de los servicios de una prostituta porque no consideran que se deba pagar dinero por sexo, ya que no les interesa el mercado de la carne humana. [2]

A partir de innumerables ejemplos de este calibre, elaborados a veces por mujeres y otras veces por hombres, me atrevo a expresar una conclusión acerca de la razón del rechazo tan exagerado ante reivindicaciones de índole feminista. Y es que creo que, instintivamente, estas mujeres saben que el poder patriarcal continuará siendo el poder más fuerte, a no ser que las mujeres peleemos juntas. Pero, a pesar de que lo saben, para ellas es preferible aliarse con el opresor (y cuando hablo de opresor, estoy hablando de un sistema patriarcal que aplasta los derechos de una parte de la Humanidad, no estoy generalizando el sexo masculino, faltaría más) y pasar desapercibidas, no vaya a ser que luchando llamen la atención y se sientan excluidas. De esa forma, no serán detectadas como “enemigas” del sistema patriarcal y a lo mejor, formando parte de él, tienen más oportunidades de ascenso social y laboral.

Opino que repiten un mecanismo similar al de ciertos obrerxs, que ante cualquier reivindicación laboral se echan atrás opinando que gracias al empresario y no a su trabajo, son dignxs del sueldo que da de comer a sus familias.

Dado que es una opinión, mi opinión, no olvido que es una reflexión subjetiva y llena de fisuras a la que se le puede completar con miles de matices y sugerencias, y que estaré encantada de escuchar.

Por último, mujeres y hombres, continuemos reflexionando, organizando forums, estando en desacuerdo y consensuando, acercando sensibilidades y sobre todo “solidaridades”. Hagamos turnos para subir a la torre de Observación de la Igualdad, porque estamos formadxs de la misma carne, alma y espíritu, y gritemos rabia o cantemos juntxs, pero siempre, siempre, vayamos encaminadxs hacia un futuro esperanzador.

Laura Cuervo Álvarez


[1]          PRECIADO, Beatriz http://www.youtube.com/watch?v=mAQCCacL08c

[2]          Asociación Hombres Abolicionistas http://hombresabolicionistas.blogspot.com.es/

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Esta entrada fue publicada el marzo 16, 2013 por en Adultos, Portada, Sociedad y Activismo.
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